jimreid-22733_3Jim Reid llevaba desde 1971 trabajando como inspector de atracciones en Disney World, Orlando y, aunque su empleo no le llenaba, estaba muy bien remunerado. Ingresaba unos 250 dólares por semana, una gran suma en aquella época.

Su tiempo libre lo pasaba con su mujer, Beverly, y buceando, una afición con la que trataba de encontrar monedas y objetos de valor. Un buen día, comentando su afición con un vecino, este le sugirió que bucease en el estanque de un campo de golf, pues seguramente allí hallaría algo valioso. Sin embargo, solo encontró miles de pelotas de golf.

Obstinado como pocos, Jim sacó varias pelotas de golf y comprobó que la mayoría estaban como nuevas. El agua no hacia mella en ellas y decidió consultar al administrador del campo de golf, quien le ofreció 10 céntavos por cada pelota en perfecto estado que pudiera entregarle.

El olfato de Jim para los negocios se puso en marcha, volvió al agua y sacó 2.000 pelotas de golf. Había ganado casi su sueldo semanal en un solo día. Aquello era “oro blanco”, como el mismo decía.

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75027_millonario-kope-620x349abcPasó de ser un vagabundo adicto a un empresario multimillonario

Hace trece años Khalil Rafati vivía en la calle y era adicto a la heroína, pero su vida dio un giro y ahora amasa una fortuna.

Khalil Rafati es el dueño de «SunLife Organics», una empresa de batidos que genera millones de dólares desde Los Ángeles (EE.UU).

La inspiradora historia de este hombre de 46 años que salió de la calle para ser un exitoso hombre de negocios se ha convertido en un libro titulado «I forgot to die» («Se me olvidó morir»).

Después de trasladarse a Los Ángeles para llevar un negocio de venta de automóviles en la década de 1990, la vida de Rafati dio un giro para peor tras comenzar a vender drogas, con el tiempo esto le llevó a probar la heroína. A partir de ahí se volvió adicto a esta droga.

Rafati estuvo a punto de morir en 2001, cuando sufrió una sobredosis de heroína en una fiesta en Malibú. Más tarde, tras pasar dos años en la cárcel acabó viviendo en la calle.

«Había llegado al fondo de los fondos», comenta recordando esos momentos. «No tenía más que hacer. Estaba acabado». Sin embargo, en este punto tan bajo de su vida Rafati decidió optar por la sobriedad y por mejorar su vida.

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